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El expresidente y líder contemporáneo de la historia de Belgrano volvió a enfatizar en su vocación política de presentarse a las elecciones en el año próximo. Y para cautivar voluntades, propuso un juego sentimental con el hincha, soñando con repatriar a Zielinski.

Por Federico Jelic

Su andar parsimonioso, cigarrillo en mano y bocanadas de humo a su alrededor le dieron una descripción ineludible y perfecta, mientras paseaba por el predio de Belgrano en Villa Esquiú que lleva su nombre, vaya casualidad. Regresó a Córdoba después de un tiempo prolongado, quizás para no exponerse a una eventual o virtual crítica de hincha, eligiendo un perfil casi subterráneo en tiempos en que nadie sale ileso de la comisión directiva. Y no fue necesario escuchar de su boca su auto postulación para volver a la conducción del club de Alberdi, porque estos actos sin duda marcan la intención de hacer campaña en pos de preparar su regreso.

Las elecciones están previstas para fines de abril y la dirigencia tiene otras prioridades, como la floja temporada deportiva, por eso es que Pérez tomó la delantera y anunció sin tapujos su voluntad proselitista, de recuperar el cetro del gobierno el Alberdi y tomar la administración, como lo hizo por 12 años.
La sorpresa radica en su oportunismo, en tomar estado público justo en el peor momento del equipo en la Primera Nacional. Recorrió las instalaciones del complejo, saludó a los empleados, presenció la práctica y se retiró casi raudamente, sin tomar contacto con ningún directivo.

Es inocultable la cantidad de diferencias que lo distancian de muchos miembros del oficialismo, salvo del presidente Jorge Franceschi. A ellos los une desde años una fluida relación, a pesar de que en los últimos meses casi no tuvieron contacto. Y hasta algunos trascendidos indicaron una ruptura del idilio, no obstante otros rumores no le dan ningún tipo de crédito: Franceschi llegó al poder en Belgrano por ser el eslabón necesario del proceso de Pérez, bendecido por este último, además de ser uno de sus alfiles y laderos principales desde la época del gerenciamiento de Córdoba Celeste.

¿Qué busca Pérez con esta acción? Sembrar. Su imagen y liderazgo siguen siendo reconocidas por Alberdi, a pesar de también tener su cuota de responsabilidad en el descenso a la Primera Nacional, pero no obstante, con una oposición atomizada y no bien definida, las chances de poder acceder a la administración de la institución mediante las urnas son más que factibles. Y para alimentar ese objetivo, plantó bandera y se prepara en virtud de dar batalla.

Pérez y el “Ruso”

“De mi bolsillo puse los 100 mil dólares para que el predio de Belgrano tenga agua y riegos. Hubo que buscar agua a casi 75 metros de profundidad”, comentó Pérez en una entrevista en Radio Impacto, como para empezar a exhibir sus logros de una gestión que lo tuvo como titular de la entidad “Pirata” en dos mandatos (sin necesidad de escrutinios al ser la única lista presentada y avalada por la Junta Electoral) sin contar los seis años de concesión con “Córdoba Celeste” en tiempos de quiebra.

“Yo me voy a mudar a Córdoba. Quiero volver porque creo que hicimos cosas importantes en el club, con ascenso, saneamiento y avances patrimoniales. Yo me quiero morir en Belgrano”, fue la frase populista que soltó en un momento del diálogo, como viejo zorro de la política que es, sin perder las mañas.
Pero claro que para contentar y cautivar corazones, se guardaba un as bajo la manga. El de Espada. Porque mientras ratificaba su vocación política, tiró un anuncio-propuesta que de concretarse, no tendría oposición ni objeción: el retorno de Ricardo Zielisnki a la conducción técnica.

“Hablé con el Ruso, me dijo que está dispuesto a sentarse a dialogar conmigo una vez que se le termine contrato en Atlético Tucumán. Que por tratarse de mí, va a escuchar la propuesta que le hará Belgrano”, declaró el hombre fuerte de los cosméticos, con tono de ilusión. El “Ruso”, autor de la proeza deportiva más grande de la historia del club, con aquella hazaña en el Monumental para mandar a River al descenso en 2011, es la mejor herramienta posible hoy para captar votos en el ánimo del socio descontento y frustrado.

Y para seguir apelando al sentimiento, manifestó que pretende repatriar a otro referente del hincha como Guillermo Farré, hoy en Mitre de Santiago del Estero, aunque la finalidad tendría que ver la intención de que se convierta en manager deportivo o asesor en ese rubro. Su gol ante River en la Promoción le dio inmunidad y escudo para larga data, además de otorgarle una silla de oro por decreto, en el olimpo de los ídolos de Alberdi.

Pérez y la oposición

Como en toda campaña política, también hay espacio para las controversias. Dejó en claro que con Luis Artime caminan por sendas diferentes, subrayando que no tienen “nada en común” ya que son “el agua y el aceite”. Todos estos perdigones son consecuencias de las últimas apariciones del ex delantero de Belgrano, ídolo de la tribuna, quien cuestionó el accionar personalista de Pérez, además de poner de relieve su ferviente vocación de presentarse a dar pelea en la vida política del club de Alberdi.

Dentro de la actual comisión directiva también tiene incondicionales. ¿Franceschi es uno? De todas maneras, en los planes de Pérez no figura el actual presidente aunque tampoco prescindirá de su incondicionalidad. El ex gerenciador genera además una grieta con el resto de los demás pares de comisión, relación que se puso tensa cuando intentó mediáticamente despegarse del fracaso de la caída del equipo a la segunda categoría de ascenso en Argentina, a pesar de que tiene el rol poco simbólico de Director Ejecutivo.

Los integrantes de “Amás Belgrano” hoy lo miran con desconfianza, con Artime nunca tuvo feeling y el otro apellido en cuestión, Santiago Montoya, desde hace un largo tiempo son antagónicos ideológicamente. ¿Qué tiene Pérez en su trinchera como para aspirar a la presidencia? Trayectoria, imagen y pergaminos. Como también tiene sus errores indisimulables, con operaciones de futbolistas sin sacar el mejor rédito ,como varias decisiones deportivas: la contratación del entrenador Lucas Bernardi y el armado de ese plantel que terminó cayendo en desgracia.

¿Y la denuncia de parte de la oposición que lo involucra, con la venta de Emiliano Rigoni a Independiente, para recaer en el fútbol ruso, transferencia cuyos vericuetos hoy motivan a una investigación judicial? De la fiscalía general de Ramón Caro pasó al subrogante Andrés Godoy, por presuntos desmanejos y con una carátula por “Delitos complejos”. Pero omitió referirse a ese episodio. Fiel a su estilo, relativizó la situación, dando por sentada su absolución, con esa seguridad personal que lo mantiene firme como un animal político, a punto de cumplir sus 76 años de vida.

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