Ignacio Tapia: ilusión que se alimenta a fuerza de gambetas y mucho sacrificio

Belgrano de Cordoba - Soy CelestePremios Estímulo 2020. El futbolista de 16 años, que se desempeña en Belgrano, fue elegido por Mundo D.

 

Un día, Miguel Tapia tiró una pelota en el patio de su casa. Como lo hace cualquier padre cuando empieza a “patear” un rato con su hijo. Ignacio Tapia, era un niño y empezó a jugar con “el viejo” en el patio de la casa. Después, cuando apenas tenía seis años, se fue a jugar a Unión Empalme, para empezar a aprender a dar los primeros golpes en el balón.

Un año después, fue a hacer una prueba en Belgrano y quedó seleccionado para jugar en los cebollitas de la Liga Cordobesa de Fútbol. Allí en la cuna de nuestro amado deporte, “Nacho” como le dicen sus padres y amigos, soñó con crecer en el deporte elegido y de a poco forjando su futuro, como para llegar a dónde quiere hacerlo “debutar en la primera de Belgrano”.

“Con apenas 15 años, lo acompañábamos a la terminal y se iba en colectivo a Buenos Aires todos los domingos”, dice su mamá Eliana cuando cuenta sus primeros pasos en la selección juvenil, mientras sus ojos se llenan de lágrimas por la emoción de ver su “bebe” crecer.

“Un día en un partido con Racing en Buenos Aires, cuando estaba en octava, un amigo ve que había alguien detrás del arco y se acercó para saber quién era. Y era Pablo Aimar (DT de los seleccionados juveniles de AFA) que estaba tomando unos mates y le dijo ‘estoy viendo al 10’. Allí nomás me llamó y me contó. No sabés nosotros, nos volvimos locos de contentos. Y al poquito tiempo, antes del mes le llegó la citación para que se presentara a entrenar en Ezeiza”, cuenta su papá Miguel.

“Nacho” sólo tiene palabras de agradecimiento para sus padres: “Son los que me han dado una mano. Los que me acompañan y los que siempre están cuando los necesito. Después, por supuesto, que están los profes del club que te enseñan un montón de cosas y todo Belgrano”.

Los domingos, en épocas de no pandemia, viaja a Buenos Aires, entrena desde el lunes hasta el miércoles con la selección (ahora está en la Sub 17), regresa a Córdoba y llega los jueves de madrugada. Bien temprano se levanta y se va a la escuela. Entrenar con sus compañeros (este año los de séptima) y jugar los fines de semana para defender la camiseta del Pirata.

Este 2020 fue atípico, porque no lo dejó practicar con la selección en forma presencial y apenas si tuvo un par de prácticas con sus compañeros de categoría. Ahora “por suerte estoy en el selectivo del club y jugamos los fines de semana”, sostiene el joven Tapia.

Habilidoso, con un estilo similar al de los “viejos 10” del fútbol, con Iniesta y Riquelme como sus ídolos, este chico de barrio Primero de Mayo de Córdoba Capital, espera cumplir su sueño de jugar en el equipo principal del Pirata. Ya ha sido observado por gente de otras latitudes y en su brazo alguna vez tuvo la cinta de capitán de la selección juvenil Sub 15 del país, pero lo que más anhela, lo que desea y toda su familia también, es verlo pisar el césped del Gigante en la primera de la “B”.

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