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Belgrano de Cordoba - Soy Celeste“El Ruso” contó las sensaciones vividas en 2011 y aseguró que volver al Pirata siempre es una posibilidad.

“El Ruso” Zielinski rememoró el histórico ascenso de Belgrano ante River en 2011. La historia del fútbol argentino se sacudió hace nueve años cuando Belgrano se paró de igual a igual ante el poderoso River Plate y en dos finales memorables consiguió quedarse con el premio mayor de su regreso a Primera División, algo que también significó enviar a segunda al conjunto de Núñez.

Un equipo plagado de jugadores convencidos de “que se podía” y un entrenador, Ricardo Zielinski, que planificó y ejecutó su plan para lograr lo imaginado pudieron más que todo lo que el mundo futbolístico jamás imaginó como factible. Mientras cumple con la cuarentena en la capital del país, “el Ruso” trabaja vía plataforma digital con los jugadores de Atlético Tucumán y todo su cuerpo técnico, a la espera del regreso de la actividad.

Pero más allá del presente, el entrenador recuerda aquellos días con la celeste y cuenta cómo preparó su equipo para jugar la promoción a la que había accedido dos fechas antes del final del torneo: “Estratégicamente, nosotros sabíamos que nuestra localía iba a ser muy importante. Y cuando supimos que era River, nos pareció mejor, porque sabíamos que todas nuestras fuerzas se iban a potenciar. Y la verdad es que le tenía una fe bárbara al grupo”.

“En lo personal, me llenó de alegría que fuera River, porque un equipo de Córdoba jugaba una instancia ante un rival que no estaba acostumbrado a hacerlo, y por eso sabía que estaríamos mejor acomodados. Lo proyectamos en 180 minutos, le metimos intensidad y hasta creo que nos quedamos cortos de local porque le podríamos haber hecho un gol más”, continúa Zielinski, quien agrega: “Tanto es así que la gente de ellos se metió en la cancha porque veía que nosotros estábamos mucho mejor”.

“En lo personal, me llenó de alegría que fuera River, porque un equipo de Córdoba jugaba una instancia ante un rival que no estaba acostumbrado a hacerlo”.

Después del 2 a 0 en el Gigante y de la ventaja obtenida, la revancha se cargó de condimentos: “Nosotros tuvimos la sensación de que íbamos bien a ese partido. Estaba claro que nuestro objetivo era ascender y que River descendiera, entonces también supimos que nos iba tocar sufrir”.

Cuando habla de su equipo, Zielinski dice: “Teníamos un equipo bárbaro y compenetrado con lo que tenía que hacer. Un arquero seguro, una defensa férrea, el medio campo que sabía cómo se debía jugar, y los de arriba muy desequilibrantes, como lo eran ‘el Mudo’ (Vázquez) y ‘el Picante’ (Pereyra). Por eso, tomamos con naturalidad y serenidad el partido, sabiendo que se sufriría”.

El entorno previo a la revancha fue todo un tema, y el DT cuenta: “Siempre esperamos que fuera de la cancha nos pasaran cosas. Y fijate que vivimos las amenazas de bomba en el hotel, hubo gente hasta las 5 de la mañana en la puerta, hostigamiento cuando llegamos a la cancha y tuvimos que poner en el entretiempo gente para que el árbitro no sufriera. Nosotros supimos cómo sería todo, porque entendimos cómo era el partido. Ahora, lo más importante es que teníamos la personalidad necesaria para hacer lo que hicimos”.

El reconocimiento

Zielinski rescata del ascenso que Belgrano se había preparado para jugar estos partidos y que lo consiguió por merecimiento propio: “Fue algo que lo planeamos y se concretó. Teníamos un equipo de hombres que sabían lo que hacían y dentro del campo los jugadores mostraron su jerarquía. Fue muy merecido. Siempre que pasa algo con un equipo grande, se desmerece lo que hace el rival. Se habló de River, de River y de River, pero la verdad es que para mí fueron 180 minutos nuestros muy inteligentes”.

“Cuando terminó el partido, en lo primero que pensé fue en la familia. Son momentos en los que todos pensamos en los seres queridos. Más aún cuando se consigue un logro contra el sistema, porque nadie pensó que podíamos ganarle a River. Nadie imaginó el descenso de River. Éramos pocos los de Belgrano y fuimos contra todo el sistema”, sostiene.

La gente de la “B”, en aquella fría tarde de junio, se quedó en la parte alta del estadio Monumental, mientras en las adyacencias los simpatizantes del descendido rompían todo lo que encontraban a su paso: “Estuvimos como dos horas en el vestuario y después pudimos salir para ver ese par de miles de hinchas que estaban aún en la tribuna y festejar con ellos”.

“Me parece que otro de los méritos de ese logro fue el cómo. Porque se hizo desde la humildad, sin andar hablando pavadas, con el perfil bajo y con el trabajo de un equipo lleno de ansias de ganar”, asegura.

La dimensión del triunfo se toma sin duda con el paso del tiempo, porque siempre será recordado en Belgrano y en el fútbol lo que sucedió en 2011: “Todos los ascensos de un equipo son importantes. Pero este fue distinto por lo significativo del rival. Ojalá sea muy importante con el tiempo, porque fue el triunfo de la humildad de una institución como Belgrano sobre el prestigio de un club como River, algo que no se da todos los días en el fútbol”.

La caravana de la familia

La última imagen del ascenso en el Monumental se trasladó a 700 kilómetros del escenario. Porque se dio en Córdoba, cuando el equipo paseó por el Centro de la ciudad y miles de hinchas coparon las calles.

“Son cosas que no me las voy a olvidar nunca. Es más, en el ómnibus que usamos para cruzar Córdoba estaban mis hijos y mi esposa. Y ver la alegría que le habíamos dado a esa gente no se te olvida más”, asegura “el Ruso”.

Volver, algún día

El sentido de pertenencia es extraño en el fútbol, porque la vida en este deporte lleva a los protagonistas a distintas latitudes casi en forma permanente. Van de un lado al otro. Pero “el Ruso” llegó a Córdoba para quedarse cinco años y medio, y desde que dejó su buzo colgado siempre se lo espera de regreso.

“La verdad es que toda mi vida voy a estar agradecido a los jugadores, al club y a la gente. ¿Volver? Siempre está la posibilidad, pero será cuestión que el tiempo resuelva. Será gratificante para mí volver a un lugar en la que se me trató tan bien, la pasé bien y en la que tengo muchísimos amigos. Ahora te digo una cosa, se dé o no se dé mi vuelta, eso no importa, siempre voy a tener el mismo sentimiento por Belgrano”, concluye.

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