Soy Celeste
El sitio de los Hinchas de Belgrano

Belgrano de Cordoba - Soy CelesteOscar Díaz, histórico utilero y una persona muy querida en la “B”, murió ayer. Hacía 41 años que trabajaba en el club.

Un buen tipo se fue. Dejó un espacio que nadie llenará en el club que fue su amor incondicional, y menos en los corazones de los que lo quisieron y lo respetaron siempre. Todo el mundo Belgrano llora por estas horas la muerte de Oscar “el Chino” Díaz, quien por más de 41 años fue el utilero del equipo principal del club.

Siempre fue amable, con una sonrisa para regalar a quien estuviera junto a él. Compañero de grandes ídolos del Pirata y testigo de bastantes procesos del club de Alberdi, porque estuvo en los malos tiempos y en los buenos también. Con 68 años, Oscar falleció por un cáncer ayer, en un lunes raro y extraño en el país, porque transcurren tiempos de pandemia y con el fútbol parado.

Los hinchas siempre recuerdan a un “10”, algún “1”, o hablan de aquel “9” tremendo… “El Chino” jugó con todos los números. Porque se puso la “cinta de capitán” más de una vez para hacerse cargo de lo que pasaba en la utilería, se las bancó a todas como un gran defensor y festejó en las buenas como el máximo artillero.

Alberdi y Villa Esquiú fueron su casa por años, junto a su mujer Claudia. Sus hijos Marcelo, Carolina, Tadeo, Nicolás y Juan, usaron el césped del Gigante como el patio de la casa, cuatro de ellos nacieron cuando vivía en el estadio y gatearon por los escalones de la vieja Platea Dorada. Su corazón fue celeste desde siempre y su alma seguirá por siempre en el barrio del club de sus amores.

“El Chino” será hasta el final de los tiempos un pedazo de la historia del Pirata. Nadie olvidará que alguna vez juntó muestras de jabón para poder lavar la ropa. Otras tantas, en su Fiat 600 llevó la indumentaria hasta el parque San Martín, porque allá se entrenaba el plantel, y muchas otras cargó bidones con agua para llevarlos a la Isla de los Patos para que los jugadores se refrescaran tras una jornada de trabajo. Eran tiempos muy difíciles de un Belgrano que debía deambular buscando lugares para prepararse.

A la historia la hacen las hazañas y si de ellas se habla, ha dejado el club uno que escribió montones de ellas. Los jugadores del Pirata siempre recibieron su ropa en condiciones, las medias limpias y zurcidas cuando hizo falta, jamás faltó una palabra de aliento y menos aún una muestra de entrega y sacrificio cuando no todo estaba bien. Un mate cebado, un momento para las anécdotas y una palmada en el hombro de uno que no la pasara bien, son algunas de las cosas que hizo por los jugadores.

Más de una vez lustró los botines de los jugadores porque no había para comprar nuevos. Aprendió a cambiar las cámaras de las pelotas cuando se pinchaban, pegó los números en las camisetas y renegó con las carencias que siempre se la “ponían difícil”.

En 1979, un 4 de enero, llegó a la “B” para ser el utilero, vio al Gigante crecer y decaer según las políticas de turno y los dirigentes que pasaron. Fueron 41 años y hoy su ausencia física ya se nota, pero su alma y todos los recuerdos harán que por siempre “el Chino” esté entre los celestes. Alguna vez tuvo que ponerse a destapar una cloaca, arreglar algunas luces y cambiar enchufes. Supo decir que “sabía soñar con un año recibiendo los sueldos bien, en realidad como debe ser, en fecha y sin retrasos”. Lloró con la quiebra, se emocionó con los ascensos y fue agradecido de los que le permitieron ver la utilería del Pirata como siempre la imaginó: llena de cosas.

Fue maestro para otros utileros, para jugadores, dirigentes y periodistas. Fue un amigo. Y jamás ocultó su sabiduría, porque siempre tuvo una palabra de aliento y bondad para brindar.

La #AppDeBelgrano

Disponible en Google Play

Descarga ahora mismo la aplicacion de Belgrano.
¡Te informamos las noticias al instante!

#Fixture