Soy Celeste
El sitio de los Hinchas de Belgrano

Belgrano de Cordoba - Soy CelesteLa historia empezó movida para los corazones celestes y terminó peor para ellos, porque por un lado estuvo el reconocimiento a Farré, el grito de la gente para el gran capitán y eso de saber que en el banco ahora hay un tipo distinto.

Hasta si se quiere, impensado en otros tiempos como es Caruso Lombardi. Pero concluyó con la espina en el pecho de un 1 a 1 ante un adversario que jugó casi todo el segundo tiempo con uno menos por la expulsión de Rébola. Pero otra vez la falta de convicción para cerrar un partido y un arquero que no está dando nada de seguridad, conspiraron para que Mitre se fuera con un empate 1-1 de Córdoba.

Cómo salir de esto es todo un tema para el Pirata. Los de corto no parecen encontrarle la vuelta, los de largo están más que confundidos y el nuevo entrenador no pudo cerrar un juego que lo tenía todo a su favor. Pecó de mezquino el equipo Celeste o la ansiedad por romper la racha que ahora llega a nueve sin ganar le jugó en contra. Hay de todo, porque no marcó en las que tuvo en el segundo tiempo, no aprovechó el jugador de más, lo dejó venir a su adversario y en su arco no hay firmeza.

La movida dirigencial de traer a Caruso Lombardi para dar un “golpe de efecto” se cumplió a medias, porque en las dos primeras prácticas metió mano en el equipo, cambió varios futbolistas y apostó por Juan Salas como volante derecho. Claro que lo hizo sabiendo que le podía dar una mano en la marca a Ignacio Vázquez, a quien pasó de central a lateral. Después, cuando el equipo salió a la cancha, otra vez una sorpresita, esta vez en la cinta de capitán que pasó de César Rigamonti a Pablo Vegetti.

El equipo no hizo un gran primer tiempo, pero sí metió con fuerza y jugó con los dientes apretados. Arrancó a todo ritmo el Pirata, logró ganarle la posesión de la pelota a su adversario y en una jugada de toques en el borde del área, por muy poco Techera puso el 1 a 0.

Caruso mostró todo su repertorio. Habló con el cuarto árbitro. Hizo muchas señas, siempre les silbó a los jugadores para llamar la atención. Cuando la pelota flotó, se las ingenió para que sus futbolistas lo miraran y con las palmas para abajo pidió que el balón despeinara el prolijo césped del Gigante. Luego, lo miró a Rigamonti y le pidió que aprovechara los laterales para salir.

El equipo no estuvo brillante, pero sí jugó mejor que su rival y vino un largo pelotazo para que Vegetti metiera un “cañonazo” que infló las piolas y los pechos de todos los hinchas gritaron con furia contenida. Allí se lo vio al flamante DT levantara los brazos, gritarle al viento la conquista y decir “vamos la con... de la lora”. Después cerró sus puños para festejar el tanto de su “as de espada”, de su capitán.

La fiesta puede esperar

En la segunda parte, el repertorio del entrenador siguió. Caminó de un lado para el otro en el “corralito”, habló con sus colaboradores, miró a la platea más de una vez y siempre estuvo más que activo. Seguramente por su cabeza pasó que todo iba a ser más tranquilo cuando el mal árbitro Córdoba expulsó a Rébola. Con el rival disminuido, el Pirata empezó a manejar el juego y aunque no dominó abrumadoramente lo hizo como para liquidar en una fracción de 10 minutos.

Pero entró en escena el retroceso, el ceder la pelota y la apuesta a la contra. Pero esa apuesta no dio resultado. Cada una de ellas fallaron y el rival santiagueño se las aguantó como pudo. No se bajó nunca de la chance de pelear y de repente se encontró con un empate que buscó, es cierto, pero que había hecho poquito por conseguir.

Y entraron en escena un par de detalles letales. El nuevo DT puso a Borja por derecha en lugar del extenuado Salas y la verdad es que no se entendió lo que buscó. El rival se vino y no hubo tiempo para el debut de Barbieri, a Rigamonti se le escapó una pelota mansa y tranquila que fue a dar al fondo del arco.

Otra vez el equipo se quedó con esa sensación de no haberse llevado nada. Porque la verdad es que la silbatina final fue durísima con todos, porque en realidad casi todos la merecieron, no solamente por haber hecho mal anoche las cosas, sino por la campaña que vienen llevando adelante. Belgrano no jugará la Copa Argentina, está casi afuera en la pelea por el ascenso y no parece que sea netamente anímico, sino claramente futbolístico.

 

 

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