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Belgrano de Cordoba - Soy Celeste

Belgrano está exactamente donde no quería estar: en el momento de jugar sin margen de error. 

Después de la caída 1-0 con Vélez, en Buenos Aires, llegó al punto sin retorno, al de afrontar cada uno de los partidos que le quedan en la Superliga con una presión estresante. Ocho puntos en 10 fechas es una cifra que estacionó al equipo en la situación incómoda de esperar milagros propios y ajenos.

Lo de “milagros propios” suena a mucho, pero tiene que ver con la necesidad y urgencia de conseguir un cambio rotundo en su forma de jugar. Así no le alcanza, así no le da la nafta para cruzar la línea de la zona de los promedios.

Se vio con Vélez: poquito Belgrano, estructurado para una chance (la del contragolpe), sin variantes, sin salvadores, sin valor colectivo. Belgrano está en el momento de necesitar un rescate emotivo, un triunfo pesado, hacer posible un imposible.

Belgrano está necesitando dejar atrás la salida de Lucas Bernardi, la goleada de Talleres y el fallo del árbitro Fernando Espinoza contra Banfield. Belgrano está necesitando dejar de ver fantasmas de conspiración.

Belgrano está necesitando un gol, un pase, una gambeta, un toque, un triunfo. Belgrano está necesitando no hundirse a sí mismo. Aún cuando los errores propios podrían hacer explotar todo. Y el DT lo está viendo. Y está actuando para tapar esos baches…

Osella, en modo optimista

En el barullo de “el momento del partido”, hay un gesto inadvertido y que marca lo que Diego Osella está tratando de hacer. Gil Romero acababa de ver la roja por dos faltas ingenuas (sobre todo, la primera). Belgrano quedaba con 10 y al entrenador se le venía a pique el trabajo que se estaba haciendo con máximo esfuerzo: sostener y aguantar a Vélez. La doble amarilla de Gil Romero invitaba a Osella a maldecir en todos los idiomas, pero fue a palmear al jugador. Le habló sin reproches.

Y, encima, después llegó el segundo momento clave del partido: cuando se fue lesionado Matías Suárez. Una contractura sacó al capitán de la cancha y también acortó los anhelos de Belgrano. En dos minutos, Belgrano se quedó con 10 y sin “10”.

Y Osella siguió en modo optimista, acordando cambios con su hermano desde el banco. Osella, en definitiva, busca que no se le deprima nadie, trabaja para construir fortaleza justo en el momento en el que Belgrano va a necesitarla como nunca antes desde que volvió a Primera División en 2011. Seguro requerirá algo de aquella épica aplicada con River para salir de esta racha negativa (un triunfo sobre 10 partidos), para llegar al objetivo de seguir en Primera.

“Se estaba jugando el partido que imaginábamos. Estábamos cómodos sin la pelota, pero llegó la expulsión y la salida de Matías. Pero aún así, hasta que llegó el gol de Cufré, lo teníamos controlado a Vélez. Se estaban poniendo impacientes”, fue lo primero que dijo Osella ante los periodistas en la puerta del vestuario visitante de la cancha de Vélez. Metros más atrás, veía todo de cerca Sergio Villella, uno de los vicepresidentes del Pirata.

Claro que a Osella le cayó la pregunta de por qué a Belgrano le está resultando dramático llegar al arco rival. Cuatro goles en la Superliga es poquísimo. “Creo que Belgrano está defendiendo bien, está sólido. Nos falta la otra parte, que es gestar juego. Creo que Belgrano es un equipo emergente y, como tal, necesita ordenarse. Nos faltan jugadores como (Maximiliano) Lugo y (Juan) Brunetta, que nos pueden dar algo más cuando tenemos la pelota. Lugo nos da ese pase filtrado y acompaña hasta el área. Brunetta, igual, son jugadores importantes”, analizó.

Cuando le consultaron sobre la inclusión de Gil Romero en lugar de Wilson Altamirano, explicó: “Me incliné por Gil Romero por su experiencia, no iba a cambiar mucho el plan si jugaba Wilson o Gil Romero. Gil Romero fue a dos encontronazos y lo expulsaron. Fue una roja apresurada, quizá ustedes lo ven diferente. Hoy no tenemos quién nos dé juego”.

Osella le puso palabras a lo que ve desde que llegó a Belgrano. “Hay impaciencia, hay preocupación, se ve todo negativo. Pero yo tengo que trabajar para mejorar, para que empecemos a ganar. No hay otra manera”.

Antes de irse del estadio, Osella dejó la frase justa: “¡¿Qué le vamos a decir al hincha de Belgrano?! Hay que decir menos y hacer más”. Y sí, Belgrano está justo donde no quería estar: anclado en la zona roja, sin margen.

Suárez estaba “tocado” desde los 20 minutos del primer tiempo. Y Osella aguantó a Suárez lo más que pudo: hasta después de la roja a Gil Romero. El DT dijo que fue una contractura en el isquiotibial de la pierna izquierda. El médico celeste, José Luna, apuntó que Suárez no sintió ningún pinchazo de desgarro. ¿Llegará al partido del viernes?

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