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El delantero paraguayo, que le dio el triunfo al Pirata en su regreso a Alberdi, disfruta el momento y se emociona. Antes, todo le costó demasiado. Su historia y la predicción de Méndez: “Estaba escrito que le tocaría a él”.

Hay una respuesta fisiológica a las emociones extremas. Lo que llamamos “piel de gallina” o “piel de lija” es la contracción involuntaria de los folículos pilosos, lo que provoca que el pelo se levante sobre la piel. En guaraní, toda esa explicación se resume en una palabra: “chepirimba”. Y esa fue, justamente, la palabra que eligió Epifanio García para explicar sus sensaciones después de lo vivido el sábado, durante la victoria 1-0 ante San Martín de San Juan, en el regreso de Belgrano a Alberdi.

“Me dejaron boquiabierto con el recibimiento. Chepirimba sentí. Todo lo que me habían contado fue lo que viví en el estadio. Fue maravillosa la gente que nos fue a apoyar. Estoy muy agradecido”, dijo el delantero paraguayo, nacido hace 25 años, quien está viviendo su primera experiencia fuera de su país. La misma sensación fue la que describió cuando el cronista de Radio Suquía le hizo escuchar su gol, en el relato de Matías Barzola.

Su timidez a la hora de declarar no tiene nada que ver con lo que mostró en el campo de juego, donde se lo vio muy participativo y no dio ninguna pelota por perdida.

La charla del delantero con Mundo D empieza haciendo hincapié en esas condiciones, que Epifanio asegura son comunes entre sus compatriotas.

–¿Cómo es eso? ¿Los paraguayos “meten” más que el resto?
–Sin subestimar a nadie, para mí tenemos una ventaja genética. Por naturaleza, metemos mucho, vamos a todas y hacemos diferencia.

Una historia de superación

“Pasé por muchos momentos muy difíciles, que prefiero no recordar. Llegar a ser un futbolista profesional ha sido un camino complicado. Pero lo conseguí. Seguramente en Paraguay están muy contentos por mí, porque me siguen siempre, en toda mi carrera”, dice Epifanio. Y las lágrimas asoman sin permiso.

Viene de una familia muy humilde, de un pequeño pueblito llamado Sapucai. Su padre, pese a ser un notable delantero en las ligas amateurs, no tuvo la posibilidad de probar suerte en el fútbol profesional. Y se quedó en el pueblo, haciendo honor al oficio de carpintero, que su hijo también aprendió. “Cuando vuelvo, lo ayudo. Él siempre me decía que fuera para adelante con el fútbol y aquí estamos”, contó.

García hizo inferiores en Cerro Porteño, donde lo dejaron libre. Fichó en Guaraní en 2016, pero antes de ganarse un lugar fue cedido al Fulgencio Yegros de Ñemby, un club de segunda división. Allí hizo muchos goles, lo que le dio la oportunidad en Guaraní, donde hizo goles importantes en el torneo local y en la Copa Libertadores. Llegó a Belgrano a préstamo por un año, con la buena recomendación de Daniel Garnero, su último entrenador en Paraguay. Pero, en una de sus primeras prácticas, sufrió un golpe en el hombro que lo marginó de los amistosos de pretemporada.

–¿Cómo fueron esos primeros días?
–Difíciles, porque no pude avanzar con el resto, pero gracias a Dios nunca estuve solo. No tengo palabras para explicar lo bien que me han tratado mis compañeros, que me han hecho sentir como en casa. Todos en Córdoba han sido muy amables conmigo.

Una epifanía

El sábado, en la primera pelota que tocó, “la Liebre” generó el córner. Y acto seguido, en su segundo contacto con el balón, convirtió el gol del triunfo. De alguna manera, estaba escrito que al primer gol en el “nuevo Gigante” lo tenía que hacer él. Es que el nombre Epifanio deriva de “epifanía”, que significa “aparición o manifestación de algo”; en este caso, del gol. Al menos esa fue la visión del entrenador Sebastián Méndez, quien se lo adelantó cuando lo mandó a jugar.

–¿Qué fue lo que te dijo el DT?
–Antes de entrar (Méndez) me dijo que iba a hacer un gol. Me pidió sea un segundo punta y que trate de aprovechar los espacios que me iba a dejar Tobías (Figueroa) que arrastraba todas las marcas. Eso fue lo que hice. Me encanta jugar con otro punta.

–¿Qué porcentaje del gol le reconocés a Cristian Lema?
–El 70 por ciento del gol es de él, que me la bajó justo. Pero acá somos un equipo y nos venimos esforzando mucho todos.

–¿Hay algo para rescatar del rendimiento, más allá del triunfo?
–Ya vamos a mejorar. Lo importante es que corrimos siempre. Si es por sufrir, siempre se sufre. En la cancha somos 11 contra 11 y el fútbol se ha vuelto muy parejo.

–¿Eso que llevás es un equipo de mate?
–Es tereré. Mis compañeros toman mate caliente, me invitan y acepto siempre; pero ellos no quieren tomar tereré. 

 

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