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Fue 0-0 en el Monumental José Fierro. El local busca un nuevo rumbo tras la renuncia de Azconzábal y en la visita debutó Leonardo Madelón.

No fue azar. Nada de ese. El feo empate que protagonizaron fue la consecuencia de dos equipos que están atravesando días de crisis. Atlético Tucumán y Belgrano igualaron en un partido que aburrió a todos los que lo presenciaron o lo siguieron por televisión. En definitiva fue un empate que dejó todo como estaba: mal.

No pasó casi nada en ese primer tiempo. Por una doble razón combinada: uno quiso poco o nada en términos de ataque (Belgrano); al otro le costó mucho acceder a su deseo de desequilibrar (Atlético). En consecuencia, entre el que no quiso y el que no pudo sucedió un primer tiempo de arcos casi ausentes. Josué Ayala -arquero local- se podría haber sentado en alguna de las tribunas del Monumental José Fierro que daba casi igual. La tocó apenas para sacar del área y ante un cabezazo de Claudio Bieler al inicio del encuentro. Ese fue el único arribo visitante.

Atlético tuvo más tiempo tiempo la pelota, jugó en campo rival, pero se encontró casi siempre con la muralla de dos líneas de cuatro propuesta por Leonardo Madelón. Así, acudió a otro recurso: el remate de afuera. De ese modo, arribó dos veces. Una volea de Guillermo Acosta y otro tiro de Di Plácido.

De algún modo, ese desarrollo despojado de brillos fue la demostración de que no hay casualidades en la tabla de posiciones: ambos arrancaron la fecha ubicados en el último tercio de la tabla. Es cierto, peor lo del equipo cordobés: llegó a Tucumán penúltimo, con 7 puntos de 30 posibles, con un triunfo en diez partidos.

Otro síntoma del momento de ambos que se tradujo en el juego: ambos equipos acaban de quedarse sin técnico; en Atlético se hizo cargo interinamente Luciano Precone y en Belgrano Madelón sustituyó a Esteban González.

Con Zampedri solo como referencia de ataque a Atlético se le recortaban los espacios. Por eso, el ingreso de Luis Miguel Rodríguez -La Pulga, emblema Decano- no tuvo nada de sorpresa sino de consecuencia razonable. Entró por Lucas Villalba para tratar de darle un poco más de vuelo a un equipo que no paraba de chocar ante la defensa rival. Pero tampoco pudo. Es más, ya en el segundo tiempo -con los destellos del ingresado Etevenaux- Belgrano fue un poco más y hasta estuvo cerca de quedarse con los tres puntos con muy poco. Con casi nada.

De todos modos, el cero compartido era lo que correspondía para lo que ofrecieron. Lo que calificaba. A ambos. Y a este partido que merecerá el olvido.

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