Soy Celeste
El sitio de los Hinchas de Belgrano

Belgrano de Cordoba - Soy CelesteA 20 años de sus primeros pasos por el club de Alberdi, Juan Carlos Olave demuestra que no sólo ataja las pelotas que van a su arco. También detiene los almanaques.


Gustavo Farías
“El que le atajó el penal a Pavone en el partido con River”. Ahora que Juan Carlos Olave colgará los guantes definitivamente, la frase acompañará invariablemente a su recuerdo. Y cerrando los ojos, será difícil que la mente no recree esa imagen suya con el puño derecho apretado, el grito triunfal en un Monumental enmudecido y la pelota atenazada bajo su brazo izquierdo.

Sí, aquella gloriosa tarde del 26 de junio de 2011, estará asociada por siempre a su nombre, casi como si se tratase de un sinónimo futbolero, por más que la vida deportiva del arquero/emblema de Belgrano haya sido mucho más que un penal detenido en una fría tarde de invierno.

Pero si a su meritoria carrera de dos décadas de duración le hacía falta un plus, ese se lo dio aquel tiro desde los 12 pasos en cancha de River, que terminó por sepultar la última ilusión del Millonario de escaparle al infierno de la Primera B Nacional. Curioso destino el de un jugador que “hundió” a profundidades desconocidas a un club que no le brindó la chance de mostrar su valía, después de contratarlo en 2006 y “atornillarlo” al banco de suplentes como relevo de Germán Lux y Juan Pablo Carrizo.

Todo sobre la despedida de Olave


A los 35 años, aquella jugada le aseguró el bronce a un guardavalla con la rara habilidad de haber descubierto la fórmula de atajar como nadie las hojas del almanaque y que, además, se haya convertido en el jugador con más presencias para defender la causa celeste en más de un siglo (382 partidos con el de esta tarde).
Fútbol en la sangre

Abuelos futbolistas, tíos futbolistas, primos futbolistas, amigos futbolistas... Estaba cantado que Juan Carlos Alejandro (sí, el tercer nombre también le pertenece aunque sea poco conocido) no podía haber abrazado otra profesión. Y eso que hubo de por medio la fuerte tentación de un inicio como basquetbolista en el Club Las Palmas, bajo las órdenes del profesor Casanova. “Fue más que todo porque mis amiguitos me llevaron y yo fui con ellos. Pero no me duró más de un mes o dos, porque enseguida me sumé al equipo de fútbol que dirigía Osvaldo Angeli”, recuerda sobre sus inicios con una memoria implacable con los nombres, fechas y situaciones.


Es que el fútbol corre fuerte por sus venas. Hijo del hogar formado por Juan Carlos y Ofelia “Kika” Griguol, “Juanca” creció escuchando las anécdotas de sus abuelos. Federico “el Tanque” Griguol se había destacado en Las Palmas, mientras que Juan Ramón Olave había hecho una campaña más extensa en el puesto de back (defensor), con formación en Huracán y despedida en Belgrano, pasando por... ¡Talleres!, con el que jugó siete partidos entre 1938 y 1942. El día del nacimiento de Juan Carlos (21 de febrero de 1976) lo hizo socio de Las Palmas, el club más cercano a su hogar.

Pero no eran ellos los únicos deportistas de la familia. También estaban Nemesio Eleodoro Olave (“la Fiera”), hermano de su abuelo y defensor de Huracán, Peñarol y Unión Florida, además de José Armando Olave, delantero de Huracán. Y la lista no se agotaba ahí, porque a ellos se sumaban otros futbolistas con lazos familiares: Hugo Olave (Huracán), José Armando Olave (h) (Huracán), Mario Griguol (Las Palmas, Atlanta, River y Ferro), Carlos Alfredo Griguol (Talleres), Carlos Timoteo Griguol (Las Palmas, Atlanta y Rosario Central), Roberto Griguol (Las Palmas, Vélez e Instituto).

Un largo camino


Fue por indicación de su abuelo Federico que Juan Carlos pasó a ocupar el arco. Realizó todas las inferiores con Las Palmas, hasta que el 31 de mayo de 1995 debutó en la primera. “Tenía 19 años y no me olvido más. Fue ante Deportivo Colón y ganamos 3-0. El técnico era Aníbal García y el preparador físico Alexis Olariaga”, contó el ídolo celeste.

Después de un par de partidos más, le surgió la chance de ir a probarse a Estudiantes de La Plata. Pero como enseguida también se abrió la chance de pasar a Belgrano (por intermediación de “Pololo” Herrera), “Juanca” se volvió y pasó al Pirata a cambio de 50 mil pesos. “El titular era César Labarre y el suplente Rubén Del Olmo, que se lesionó en el inicio de la temporada y quedé como primer relevo”, recordó sobre aquel Apertura ‘95, 21 años atrás.

Después, algunas desavenencias con el pase lo marginaron del plantel y optó por continuar su campaña en Instituto, en la B Nacional. La decisión no le brindó más chances de mostrarse, sino más bien todo lo contrario: apenas dos partidos al banco de suplentes fue el único contacto con el equipo de primera. Pablo Del Vecchio y Javier Klimowicz estaban por delante en la preferencia del entrenador Horacio Bongiovanni.

Proponen beneplácito del Concejo Deliberante para Juan Carlos Olave
Lo peor, sin embargo, estaba por venir. El segundo semestre del ‘97 lo encontró sin club, en un período que sólo pudo realizar una fallida prueba en Olimpo de Bahía Blanca. “El DT era ‘el Nano’ Areán, que me quería sumar al plantel, pero el presidente no quiso”, confesó. El contraste no lo hizo desistir de sus ganas de triunfar: “Para no perder estado físico, me entrenaba haciendo el reparto de diarios por el barrio. Corría al lado del auto que llevaba los ejemplares y eso me ayudó”.
Bolivia, el trampolín

En diciembre de 1997, Olave envió una carpeta de antecedentes al Bolívar de La Paz y el club boliviano lo incorporó en enero del ‘98 como tercer arquero, detrás del camerunés Thomas N’Kono (el mismo del triunfo 1-0 ante Argentina en Italia ‘90) y el local Darío Rojas. La suerte empezaba a cambiar.

En los días siguientes, N’Kono, por entonces con 41 años, no arregló la renovación de su contrato y anunció su retiro, una decisión que favoreció a Juan Carlos, promovido como primer suplente para los dos frentes que debía afrontar el club del altiplano: el torneo local y la Copa Libertadores. Con “viento a favor”, el 31 de marzo de 1998, Olave tuvo un bautismo internacional de lujo, con victoria 1-0 sobre Peñarol, en el Atilio Paiva Olivera de la ciudad uruguaya de Rivera. Esa noche ingresó en los minutos finales por lesión de Rojas y su participación en la Libertadores se completó con otros dos encuentros (ante Nacional en el Centenario y con Barcelona, en Guayaquil).

De regreso al país, estuvo a punto de incorporarse a Argentinos Juniors, pero como no llegó a tiempo para inscribir el pase, quedó “colgado” otra vez. Las Palmas le abrió las puertas y allí se dio un gustazo: ganó el primer título de la entidad en el círculo superior de la Liga Cordobesa.

El despegue definitivo


En agosto de 2000 regresó a Belgrano y un año más tarde comenzó el gran despegue. Con Carlos Ramacciotti en la conducción técnica, le llegó la oportunidad de demostrar que podía ser el arquero que el equipo necesitaba. La prueba de fuego era tremenda: ante el Boca supercampeón de Carlos Bianchi y en la Bombonera. Nada más y nada menos.

Fue el 19 de agosto de 2001, una fecha que en el recuerdo del arquero puede competir con aquel ascenso en cancha de River. Porque no sólo se dio el gusto de debutar cumpliendo una buena actuación, sino porque además el equipo se llevó un triunfazo por 3-1. “No tuve miedo de entrar a la Bombonera, no sentí la diferencia. Ganamos en confianza y por eso, por momentos, le pudimos faltar el respeto a Boca, en el mejor de los sentidos”, le dijo al día siguiente al periodista Gustavo Aro, en La Voz.

En ese campeonato, otro integrante de la familia se sumó al equipo: el cantante Rodrigo Bueno, primo segundo de Juan Carlos, quien le puso el rostro a la camiseta luego de pasar a la inmortalidad unos meses antes.

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Al que era hasta entonces el mejor año de su carrera, le faltó un final feliz. El descenso a la B Nacional fue su primera gran decepción deportiva, aunque él no bajó de categoría: pasó a Gimnasia y Esgrima La Plata, donde consolidó sus condiciones y pudo disfrutar de dos nuevas competencias internacionales (Sudamericana 2002 y Libertadores 2003).

Con la carrera en ascenso, en 2004 “cruzó el charco”. El Real Murcia, de la Segunda División española, le brindó la oportunidad de mostrarse en el fútbol europeo, con un contrato hasta junio de 2007. Su rendimiento irregular, el cuestionamiento de una parte de los hinchas locales con los que llegó a tener un altercado violento y el hecho de quedar relegado al banco de suplentes, lo decidieron a pegar la vuelta antes de tiempo.

En enero de 2006 se sumó a River, en una escala por demás breve: no tuvo chances de jugar y a mitad de año arregló para volver a Gimnasia. No eran los mejores días de su carrera, especialmente después de recibir siete goles en el clásico ante Estudiantes (15 de octubre de 2006).

La tercera, la vencida
En agosto de 2007, Belgrano estaba empeñado en el armado de un nuevo equipo luego del descenso sufrido un par de meses antes. Acababan de acordar la incorporación de un “desconocido” que venía de Central Córdoba de Rosario (Guillermo Farré) y necesitaban con urgencia un arquero de peso para reemplazar a Germán Montoya, que se marchó a Vélez pese a la oposición de la dirigencia encabezada por Armando Pérez.

El 9 de agosto, Olave desembarcó en Córdoba para un sorpresivo retorno al club, esta vez para jugar en el ascenso. “Es una situación distinta, pero la afronto como un desafío, el de regresar a Belgrano al lugar donde debe estar. Para mí la ilusión de ponerme la camiseta de Belgrano es la misma en Primera División o en la B Nacional o en cualquier lado”, fueron sus primeras declaraciones, en el Ambrosio Taravella.

Y a continuación, dio una pista inequívoca de lo que se venía: “Elegí volver a Belgrano porque tenía ganas y porque fue la mejor propuesta. Yo quería pertenecer, dejar de andar de un lugar para otro, cambiando de club todos los años. La de Belgrano fue la mejor propuesta. Por la familia, también; y, además, el corazón tira. Siempre dije que quería volver a Belgrano estando bien, no en mis últimos años de carrera. Y vuelvo estando bien, creo que puedo ser útil y espero que entre todos podamos lograr el objetivo de regresar a Belgrano a Primera División”.

Lo que siguió, es historia reciente y que pareció ser escrita a pedido de Olave. “El que más dura en esta carrera es el que tiene la personalidad para afrontar los momentos difíciles, y el fútbol está lleno de esos momentos. Hay que saber afrontarlos, esquivarlos y saltarlos”, supo decir hace nueve años.
Vaya si tuvo razón. Olave siguió volando de palo a palo para entrar no sólo en la historia de Belgrano, sino también en el corazón de su gente, donde sólo entran los elegidos.

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