Belgrano-header
Soy Celeste
El sitio de los Hinchas de Belgrano

banner tdh 2016

6°C

Despejado

Humedad: 93%

Viento: 11.27 km/h

Hoy se cumplen 25 años de uno de los clásicos más recordados: el 3-0 con el que Belgrano, recién ascendido, le quitó el invicto a Talleres en Primera. Carlos Biasutto, entonces DT de los piratas, repasa el partido.

¿Cómo que 25 años? No puede ser”. Costó convencer a Carlos Ángel Biasutto que todo ese tiempo había transcurrido desde aquel 27 de octubre de 1991, cuando Córdoba se paralizó por la enorme expectativa que había generado el regreso de su clásico mayor (hacía 12 años que no jugaban “por los puntos”) y en Primera División. El exarquero de Rosario Central, Boca y Platense, entre otros, fue el técnico de aquel Belgrano que venía a los tumbos (una victoria, cuatro empates y tres caídas) tras su primer ascenso al fútbol grande y que esa tarde, por la novena fecha del Apertura, sorprendió a todos goleando 3-0 a un Talleres que llegaba invicto (seis triunfos y dos empates), pisándole los talones al River de Daniel Passarella.

“Fue un partido muy trabajado por nosotros y muy festejado por la gente. Un poco nos jugábamos la vida. No veníamos bien porque nos estábamos adaptando a Primera, con muchos jóvenes que después fueron todos fenómenos”, recordó Biasutto, durante la charla telefónica con Mundo D.

Aquel DT hoy tiene 70 años y el recuerdo fresco de aquella tarde encapotada, en un Chateau repleto. “Ellos venían muy bien y eran poderosos económicamente. Belgrano era muy distinto a lo que es ahora, con jugadores que no cobraban y sin entrenamientos corridos porque no teníamos dónde practicar. Realmente había que hacer un poco de todo. Pero durante la semana previa nos mentalizamos para hacer las cosas bien y regalarle una alegría a la gente”, recordó. Alcanza una anécdota, de tantas que el DT atesora de su paso por Alberdi, para graficar el momento institucional de Belgrano: “Un día, tres jugadores llegaron juntos al entrenamiento en una moto Pumita. Les recordé que eran de Primera y les sugerí que no se arriesgaran y vinieran en ómnibus, pero me respondieron que no podían porque no tenían ni para los cospeles”.

La “T”, en cambio, había apostado fuerte para robustecer su flaco promedio. Llegaron refuerzos “de selección”, como Javier Zeoli (arquero de Uruguay), el también oriental Gustavo Dalto y Catalino Rivarola (capitán de Paraguay), además de Elvio Vázquez, Miguel Ángel Ludueña, Mario Bevilacqua, Osvaldo Coloccini y el experimentado Marcelo Trobbiani. Todos bajo la tutela de Eduardo Luján Manera, quien en la semana previa al clásico había declarado que era “un partido más”.

Biasutto, en cambio, convenció a los suyos de que el partido era muy especial. Tenía un plantel joven, pero también grandes referentes. “Los muchachos más grandes (Enrique Nieto y Víctor Heredia) nos dieron una mano tremenda para que los más chicos entendieran de qué se trataba”, rememoró. Claro que aquel Belgrano también tenía sólidos atributos futbolísticos, que el técnico aún pondera: “Norberto Fernández era un jugador extraordinario. El paraguayo (Blas) Romero, un talentoso. (Roberto) Monserrat, el futbolista más inteligente que me tocó dirigir. Y (Daniel) Primo tuvo la mala suerte de que lo persiguieran las lesiones, porque era un volante que iba a revolucionar el fútbol porque metía como (Reinaldo) Merlo y jugaba como (Miguel) Brindisi”.

De película

Desde que Juan Carlos Loustau dio la orden de jugar hasta el pitazo final, el partido tuvo una dinámica cinematográfica. A los 18 minutos, el marcador se abrió con “un gol del Barcelona”, según el decir de su autor, Gustavo Spallina: la tocaron varios desde el fondo, en una doble pared en velocidad, y “el Tano” definió cruzado y de cachetada, a contrapierna de Zeoli; antes del cierre del primer tiempo, el choque de cabezas entre Coloccini y el tucumano Pedro Olaya obligó a la salida del ex-Racing de Nueva Italia, con traumatismo de cráneo y fractura malar. En el complemento, Manera mandó a la cancha a Trobbiani, pero se lesionó y duró apenas dos minutos; Primo aprovechó un desborde de Romero para poner el 2-0, a los 9 del período; Biasutto hizo ingresar al “Diablo” Monserrat, quien en la primera que tocó metió el tercero. Historia sentenciada.

A Talleres no le salió ninguna y a Belgrano, todas. “Era una época en la que los equipos empezaban a presionar en el medio. Intentamos hacer eso y nos salió, porque le quitamos la pelota y la jugamos con velocidad. Esa fue la clave”, analizó Biasutto. Cuando el clásico se estaba terminando y la fiesta se había instalado en el sector sur del Chateau, el DT celeste respiró aliviado: “Se trabajaba con otros plazos, otras urgencias. No teníamos el respaldo que tuvo (Ricardo) Zielinski, por ejemplo. Cómo será que, cuando íbamos 3-0 le dije a uno de mis colaboradores que estuviera contento porque nos asegurábamos al menos tres partidos más”.

Carlos Ángel Biasutto, exarquero, es un prócer en Rosario Central, con el que fue campeón de los Nacionales de 1971 y ‘73. También lo fue con Boca del Metro ‘76. A Belgrano lo dirigió tres veces: en 1990 armó el equipo que ascendió con Guyón; volvió en el ‘91 y armó el plantel en Primera; regresó en 2000 para dirigir gratis, en plena crisis pre-quiebra. Pocos lo reconocen.

El recuerdo de los jugadores

Daniel Primo: Fue muy especial

"Fue un partido muy especial. Esa semana concentramos en Vaquerías para sacarnos la presión de la barra brava. Y lo jugamos como se juegan los clásicos: por la camiseta, pero con personalidad y concentración. Yo era volante de contención y era rarísimo que pise el área, pero tuve un momento de vehemencia propio de la juventud: rompí líneas y terminé empujando al gol el centro de Blas Romero, que hizo toda la jugada. Carlos Biasutto se la jugó. Me puso en el lugar del capitán del equipo que ascendió, que era Lucio Daniel Alonso. Yo tenía 19 años y venía de jugar la Liga Cordobesa para Sportivo. Fue el técnico que impulsó mi carrera y siempre estaré agradecido".

Roberto Monserrat: A todo pulmón

"La expectativa era enorme porque hacía mucho que no se jugaba oficialmente el clásico cordobés. Recuerdo que entré y, al ratito nomás, me tocó hacer el gol; el tercero. Me la dieron en la puerta del área y le pegué como venía. Se armó una fiesta bárbara. Encima en el clásico siguiente volvimos a ganar y yo volví a hacer un gol. Nuestro plus era que hacíamos todo a pulmón porque queríamos crecer. Fijate que, de ese plantel, muchos tuvimos la suerte de progresar en el fútbol. Por ahí no cobrábamos, pero le metíamos para adelante. Era otra época. Aprendí mucho de jugadores de experiencia como Víctor Heredia, pero era un equipo en el que cada uno aportaba lo suyo".

Gustavo Spallina: Fue inolvidable

"Sin ánimo de ser vanidoso, me tocó hacer un gol de esos que ya no se ven, salvo en el Barcelona. Fue una jugada que se inició bien atrás y la tocaron varios jugadores. Ninguno se equivocó, todos acertamos en cada intervención durante la jugada. Incluso yo, antes de recibir la pelota, ya sabía que le iba a cambiar el palo a (Javier) Zeoli. El gol fue fundamental, porque se abrió el partido y nos dio confianza. Fue la llave del triunfo. Nuestra principal motivación era la gente que nos iba a ver. Eso no tiene un valor monetario. Se había generado un ambiente previo muy especial y esa tarde sacamos a relucir todo el potrero que teníamos encima. Fue inolvidable".

La #AppDeBelgrano

Disponible en Google Play

Descarga ahora mismo la aplicacion de Belgrano.
¡Te informamos las noticias al instante!

#Fixture

buonavid vinoteca


banner tdh general paz grande